Alimentando la convivencia de Puerto Escondido desde 1987.
Hay lugares donde comes. Y hay lugares alrededor de los cuales crece una comunidad. El Cafecito es uno de ellos.
Alimentar la convivencia.
El Cafecito nació de una búsqueda de libertad. Carmen llegó a Puerto buscando construir una vida más auténtica. Comenzó haciendo pan y vendiendo sus panqués de plátano en la playa. Después llegaron nuevas recetas, personas, espacios y generaciones.
Lo que comenzó como pan y café terminó convirtiéndose en algo mucho más grande: una mesa alrededor de la cual Puerto Escondido se encuentra.
Una historia construida en familia.
Recetas de su madre.
Las manos de su padre.
Los espacios de Daniel.
Y cientos de personas que fueron dejando algo de sí.
Hoy, una nueva generación continúa la historia.
El Cafecito se construyó entre generaciones.
Cuando un proyecto florece de verdad, también ayuda a florecer a quienes lo rodean.
Una mujer llegó buscando libertad. Décadas después, esa libertad pertenece a muchos.
El legado de El Cafecito no está solamente en sus recetas, sus espacios o las generaciones que han comido ahí. Está también en las relaciones que creó, las personas que encontraron oportunidades, quienes aprendieron un oficio y aquellos que después construyeron algo propio.
Carmen terminó reconociendo en la convivencia y las relaciones humanas uno de los aprendizajes más profundos de todo el camino. Eso es lo que hace que un negocio se convierta en parte de un territorio. Y que una historia se convierta en legado.
De la palapa original a la mesa de todos los días.
Puerto cambia. La costa crece. Las modas van y vienen.
Y ahí sigue El Cafecito, alimentando la convivencia, una mesa a la vez.